Posmodernidad y cibercultura

El acercamiento a las nuevas tecnologías de la información ha introducido temáticas importantes por abordar debido a su relación con la sociedad contemporánea y sus transformaciones. Ejemplo de ello es la cibercultura y su relación directa con los sistemas culturales debido a que las nuevas tecnologías y sus productos, son una formación cultural. Este punto es importante porque a la tecnología por mucho tiempo se le ha ubicado fuera de la sociedad, como si se tratara de un ente autónomo que le impacta negativamente debido a los usos que los humanos le damos; sin embargo, no es posible concebir las innovaciones tecnológicas sin los procesos sociales.

La antropología se ha ocupado de cuestionar a la modernidad como el escenario para la comprensión y práctica de la relación tecnología-cultura y de la reformulación de la naturaleza de la modernidad. Por lo tanto, entender si nuestra era es posmoderna o moderna modificada —tardía, meta o hiper—, será posible sólo a través de una investigación que nos brinde el estatus actual de la ciencia y la tecnología. Michel Foucault señala que la modernidad trajo consigo órdenes particulares de vida, el trabajo y el lenguaje, encarnados en la multiplicidad de prácticas por medio de las cuales la vida y la sociedad son producidas, reguladas y articuladas por los discursos científicos.

En ese sentido y aunque la relación entre la ciencia, tecnología y cultura no ha sido ampliamente abordado por muchos estudiosos en la materia, es innegable que ocupa un papel central en el orden moderno, al punto tal, que la tecnología según Heidegger es una práctica paradigmática primaria de la sociedad donde la ciencia y la tecnología son los medios que permiten la creación de nuevas realidades, nuevas manifestaciones del ser. Por esta razón, la sociedad y sus prácticas se conciben a partir de conexiones técnicas de distintas clases —links—, nuevos paisajes de ciencia ficción que se constituyen por los cyborgs —seres humanos con innumerables prótesis e interfaces tecnológicas que se mueven en vastos ciberespacios–cyberspaces—, realidades virtuales, y ambientes mediados por una computadora. La cibercultura entonces, se origina en una bien conocida matriz social y cultural de la modernidad, donde ésta última es el trasfondo de entendimiento y que como derivado, la realidad humana y social es producto tanto de las máquinas como de las actividades humanas.

Dicho lo anterior, la cibercultura nos acerca como investigadores sociales a la posibilidad de describir, a la manera de un diagnóstico cultural, qué está pasando en términos de la emergencia de prácticas y transformaciones asociadas al aumento de desarrollos técnico – científicos. Aplicado a la investigación de mercado cualitativo, cada vez más, nos damos cuenta de la necesidad de generar nuevas herramientas de análisis que permitan el abordaje de la relación naturaleza y cultura a partir del estudio de las relaciones sociales y culturales entre las marcas, sus consumidores y los escenarios o sistemas de modernidad donde se gesta el fenómeno del consumo. El Internet y sus múltiples plataformas de interacción nos arrojan esa posibilidad, no sólo el interrelacionarnos con nuevas comunidades digitales sino también, el conocer nuevos perfiles de cibernautas y ciberconsumidores que tienen comportamientos y necesidades específicas, por lo que, aún queda tarea por hacer y universos simbólicos que develar en la esfera de la cibercultura.

Fuente: Escobar Arturo, Bienvenidos a Cyberia. Notas para una antropología de la cibercultura