El espacio doméstico de la familia unipersonal y el consumo

El análisis del hogar como herramienta en estudios mercadológicos.

«La familia es la base de la sociedad», una frase acertada que refleja el papel no sólo de los integrantes de este núcleo, sino también del espacio en el que se forma: el hogar; éste, a su vez, no sólo representa el cobijo ante las inclemencias del tiempo y el resguardo de agentes nocivos —casa—, sino también a la ideología, necesidades, conductas, gustos y formas de consumo de quienes lo integran. Por ello, el estudio de dichos ámbitos es un área de oportunidad para las marcas enfocadas a decoración y optimización de espacios interiores.

El espacio doméstico, es igual o mayormente susceptible al nivel socioeconómico y cultural de sus habitantes, así como al número de personas que viven en él, lo cual también nos puede orientar a crear tipologías de consumo.

Los cambios sociales y la reinterpretación de la familia tradicional ha dado origen a nuevas formas de asumirse como hombre o mujer, lo cual ha creado nuevos roles y modos de vida. Una de estas nuevas reinterpretaciones familiares es la «familia unipersonal», es decir, una persona que por diversas circunstancias, sobre todo de índole emocional, vive sola.

El hogar para estas personas representa una extensión de su individualidad y a su vez, una reafirmación de la conquista que han logrado a través de su esfuerzo, tanto laboral como emocionalmente.

El espacio doméstico es un microcosmos donde se desarrollan distintas actividades que desencadenan toda una gama de aromas, texturas, sonidos y luces, mismas que pueden ser susceptibles a cambios intencionales para crear una atmósfera en particular.

Para una persona que vive sola, esto es de vital importancia; recurre a aromatizantes de ambiente, velas aromáticas y productos de limpieza más específicos; ahora es libre de pintar, pegar e instalar lo que su propio gusto y necesidades le dicten.

Es a través de etnografías, entrevistas uno a uno y un profundo análisis de escritorio que se puede llegar a desentrañar lo que este potencial segmento —el cual se percibe como olvidado por las marcas— tiene que decir. Entender sus gustos y su muy particular forma de ver la vida es una manera de saber cómo hablarles y entenderles. Las marcas que busquen apropiarse de este segmento tendrán a un consumidor consciente de sus decisiones, exigente y egocentrista, pero no por ello menos sensible.