El consumo de tecnología y el capitalismo digital

Avanzamos a una velocidad vertiginosa y estamos inmersos en una sociedad global de la información marcada por la digitalización, una sociedad multi-sensorial donde lo visual y la oralidad quedó en el pasado y con ello, ciertos modelos de comunicación. El panorama que nos plantea la globalización y la posmodernidad se caracteriza por una complejidad tecnológica y saturación de información a través de nuevos medios masivos de comunicación y tecnología sofisticada, sociedades de información con una cultura hedonista de capacidades multisensoriales donde cobra su máximo sentido la individualidad, la inmediatez, la eficiencia, la lógica cultural.

Un cambio tecnológico que manifiesta su presencia a través del Internet, la trascendencia de lo análogo a lo digital, objetos inteligentes que superan la organicidad del ser humano, procesos sociales que se transforman en información, en suma, cultura digital que permea a través de la interconexión.

La interconexión permite recibir nuevas impresiones y experiencias mediadas por la televisión e Internet —cabe señalar que ambos medios tienen alcances y objetivos diferentes—, este fenómeno brinda la oportunidad de ampliar el horizonte de cultura y valores de personas y comunidades, sin embargo; al mismo tiempo nos provee de productos culturales salpicados de consumismo global; he ahí la industria del entretenimiento que induce cambios de valores, comportamientos, estereotipos y propaga una masificación que tiende a imponer nuevas formas de pensamiento en aras de una homogeneización cultural.

Sin embargo y para que pueda lograrse dicha interconexión en red, se requiere de nuevas formas tecnológicas: el capitalismo digital. Lo digital, lo hetéreo, lo invisible y fugaz nos ha alcanzado, ahora los nuevos esquemas y modelos de comunicación se conforman a partir de un sinfín de nodos interconectados entre sí, que actúan inteligentemente hasta el punto incluso de rebasar los propios esquemas de comunicación biológicos propios al ser humano. Como bien señala Sibilia “el capitalismo, le ha creado paradigmas de necesidades que se inventa día con día para alejarse cada vez más de las raíces de su propia existencia, de su organicidad”.1 Lo que ahora se le presenta al hombre, es un panorama basto de oportunidades, pero también, quizá, una encrucijada o laberinto donde las respuestas a tanta tecnología sean insuficientes que éste quede superado por nuevos seres superiores en inteligencia y capacidades. Y no me refiero a figuras humanoides o robots mecanizados, hablo de elementos tan íntegros en tecnología que poco a poco sustituyan las tareas del hombre a totalidad, esto es quizá la antesala a la virtualización de nuestras vidas.

Por poner un pequeño ejemplo, basta hacer un poco de memoria para recordar cómo estos dispositivos electrónicos han evolucionado a tal grado, que el descubrimiento de la caja mágica a mediados del siglo XIX llamada televisión, hoy día es tan integral que para lo menos que se emplea es para ver mediante su pantalla, imágenes animadas manipuladas por intereses políticos, sociales, económicos o culturales. Las televisiones de hoy son pantallas calificadas como “inteligentes”, capaces de establecer una conexión con personas que pueden estar separadas por miles de kilómetros y dar la apariencia y sensación de estar frente a éstas como si ambas estuvieran en el mismo lugar, y donde la capacidad de resolución es tal, que los poros y expresiones faciales se aprecian con tal nitidez que el mismo ojo humano queda limitado ante estos acercamientos. La pregunta es, ¿qué es lo precede a lo que ahora vivimos y cuáles serán las consecuencias de esta mediatización global digital?

1. Sibilia Paula. El hombre postorgánico. Cuerpo, subjetividad y tecnologías digitales. Ed. Fondo de Cultura Económica, Argentina, 2006, 57.